Muchas veces tuve ganas de volver, muchas otras olvidé que este lugar habia sido mío. Será que las ganas y el olvido no hacen buena yunta, que son dificiles de unir como el agua y el aceite, o incompatibles como las sardinas con mermelada. Lo cierto es que hace poco, el magico impulso de uno de esos seres maravillosos que sobrevuelan mi vida, porque la distancia no permite que el contacto sea mas directo, volvi sobre estas letras que fueron mi refugio y consuelo tantos dias con sus noches. Y con un poco de miedo a despertar viejos fantasmas, relei cada uno de mis momentos y descubrí que, lejos de causarme la temida melancolía, despertaron en mi una especie de nostalgica ternura (o tierna nostalgia) que me acarició el alma. Y sin falsa modestia, me atrevo a decir que me gustó lo que leí y entendí que, sin renegar de nada de lo que inspiró lo escrito, me vi crecer en este espacio de silencio y por primera vez en mucho, pero mucho tiempo, me sentí orgullosa de mi misma.
Tengo, entonces, ganas de volver, que la vida me acompañe en esas ganas y no me gane el olvido que se parece un poco a negar quien fui y por consiguiente, quien soy.
Aqui estoy, dispuesta a transitar este camino, la misma, pero distinta, renovada, con una nueva mirada hacia aquella que hace tantos años, una tarde de verano, empezo a escribir son saber bien que decir.
Para nadie, para todos, para mi.
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